Durante 2018, se habló mucho del impacto de la inflación en los balances de presentación. Principalmente, en el ámbito profesional de ciencias económicas. A su vez, surgieron grandes preocupaciones por el postergado tratamiento impositivo de la inflación, que aún continúa en este estado. Pero no fue sino recién a fines del año pasado, cuando se confirmó la entrada en vigencia de una nueva normativa, la cual exige el ajuste por inflación a partir de los balances cerrados en diciembre de 2018.

Desde entonces, comenzaron a surgir seminarios y cursos para difundir y aprender la técnica general. Todos ellos estuvieron focalizados en los contadores internos o auditores externos, es decir, sobre aquellos que participan en el cierre formal y producen los balances de presentación. Sin embargo, el ajuste por inflación no fue suficientemente trabajado en el marco de la gestión diaria.

¿No es esta, acaso, una gran oportunidad para analizar la técnica contable y sumar ideas para la gestión?

¡Por supuesto! La gestión diaria requiere la aplicación de mecanismos de ajuste para disponer de información homogénea y comparable más allá de está normativa. Un 10% de inflación de un año a otro exige la aplicación de correcciones para lograr comparaciones razonables.

Detrás del fenómeno de la inflación existen conceptos contables y financieros que son naturalmente considerados por los empresarios. Pero la técnica de ajuste les permite incorporar una mirada precisa de evaluación del desempeño en este terreno. Resulta necesario indagar en la técnica contable y extender su utilización para el control de la información.

Desde hace más de 50 años, la exposición a la inflación en Argentina ha entrenado al público empresario a tomar decisiones estratégicas en este sentido. A nadie puede extrañar que haya que evitar quedar expuesto en una posición monetaria neta activa para evitar generar pérdidas. Y por el contrario, obtener pasivos monetarios resulta en un gran beneficio. Sin embargo, es la técnica la que permite obtener el resultado para evaluar la gestión en esta materia.

La dirección de la empresa suele tomar decisiones de cobertura con respecto a la inflación -cuando su capital corriente lo permite-. Y son estas decisiones las que protegen, pero generan resultados particulares por su tenencia, es decir, el resultado al comparar la valuación corriente de los activos con respecto al valor ajustado por inflación.

La técnica contable permite considerar el resultado efectivo de tales decisiones financieras.

¿Qué director de empresa no desea identificar el efecto real de haber colocado su disponible en una inversión financiera (fondos, moneda extranjera, etc..) o haber anticipado la compra de mercadería como protección a la inflación?


La propuesta, entonces, es armar la estructura contable para responder a la exigencia de la norma profesional y aplicar estos mecanismos para trabajar cuanto menos con algunos indicadores financieros mensuales.


Concomitantemente, también se deben considerar los propios índices de ajustes para proponer información analítica comparable. Por ejemplo: cuando se analizan las ventas por agrupación de cualquiera de sus dimensiones ( cliente, zona, vendedor, unidad de negocio, Producto, marca, etc) se debe considerar, entre otros, sus comparaciones en términos homogéneos, a través de la aplicación de índices de inflación, cuando la variable tiempo excede al mes corriente.


Entonces, esta enorme movida detrás del tratamiento en balances de presentación la debemos aprovechar para mejorar sensiblemente nuestra información de gestión, utilizando los criterios considerados como buenas prácticas en la profesión y, con ello, dar lugar a un análisis riguroso de los resultados de un periodo. Una gran oportunidad para superarse y contribuir con calidad profesional al desarrollo empresario.

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